El programa económico de Javier Milei sigue mostrando una cara cada vez más difícil de ocultar: mientras el Gobierno celebra la baja de la inflación y el equilibrio fiscal, el entramado productivo se achica.
Según un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), elaborado en base a datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, entre noviembre de 2023 y junio de 2026 la cantidad de empleadores registrados cayó de 512.357 a 481.724. En términos concretos, eso significa 31.342 empleadores menos en 31 meses de gestión.
En el mismo período, además, se perdieron 434.126 puestos de trabajo registrados en unidades productivas.
No se trata solamente de una estadística técnica. Detrás de esos números hay locales que bajan persianas, pequeñas empresas que reducen actividad, comerciantes que no logran sostener costos y trabajadores que pierden su empleo.
El informe muestra además cuáles son los sectores más afectados. En términos absolutos, el rubro más golpeado es comercio, con 8.758 empleadores menos. Lo siguen transporte y almacenamiento, con 6.915 menos; industria manufacturera, con 4.158; y servicios inmobiliarios, con 4.150. También aparecen caídas importantes en servicios profesionales y en actividades agropecuarias.
Es decir: no se está hablando de un problema aislado ni de un solo sector. La caída atraviesa buena parte de la economía real.
El Gobierno nacional sostiene que el ajuste, la desregulación y la reducción del gasto son necesarios para ordenar la economía. Pero del otro lado de ese “ordenamiento” aparecen números que muestran otra cosa: menos empleadores, menos puestos de trabajo y un tejido productivo cada vez más debilitado.
La contradicción es cada vez más evidente. Mientras la Casa Rosada insiste con la idea de una economía en recuperación, los datos laborales muestran que esa recuperación no llega a miles de pequeñas y medianas unidades productivas.
Incluso el propio informe señala que el ajuste golpea sobre todo a las empresas más chicas: el 99,76% de la caída de empleadores se concentra en firmas de hasta 500 trabajadores. Es decir, el impacto recae casi por completo sobre el universo pyme.
Y ahí aparece uno de los grandes problemas del modelo Milei: el ajuste no lo absorben los grandes grupos económicos, sino sobre todo quienes sostienen gran parte del empleo cotidiano en la Argentina.
En Villa Gesell no tenemos, por ahora, una estadística local equivalente que permita afirmar cuántos empleadores registrados se perdieron en el distrito. Pero sí hay un dato estructural que vuelve especialmente sensible este escenario: buena parte de la economía local depende de pequeños comercios, gastronomía, hotelería, construcción y servicios.
Por eso, cuando a nivel nacional cae el número de empleadores en comercio, industria y transporte, el impacto no queda lejos de ciudades como la nuestra.
Gesell vive del movimiento económico que generan el turismo, el consumo y la actividad comercial. Si a nivel nacional las familias gastan menos, se endeudan más y acortan estadías, el golpe también llega a los negocios locales.
No es casual que en los últimos meses se multipliquen imágenes de persianas cerradas, liquidaciones y cierres en distintos puntos del país. Tampoco es casual que el comercio aparezca como el sector con más empleadores perdidos.
Hay un punto que conviene remarcar: cuando cae la cantidad de empleadores, no sólo se resiente la actividad empresarial. También se reduce la capacidad del sistema económico para generar y sostener empleo registrado.
El informe de CEPA muestra justamente eso: junto con la baja de empleadores, se pierden más de 434 mil puestos de trabajo registrados.
Detrás de cada puesto perdido no hay una abstracción económica. Hay salarios que desaparecen, hogares que pierden ingresos y ciudades que ven caer parte de su movimiento económico.
En una ciudad como Villa Gesell, donde muchas familias dependen de trabajos vinculados al comercio, la gastronomía, la hotelería o los servicios, ese proceso no puede leerse como un dato lejano.
El Gobierno de Milei insiste en que el camino del ajuste es el único posible. Pero mientras ese relato se repite desde Buenos Aires, los números de empleo y de actividad muestran otra realidad.
La baja de la inflación puede convertirse en un dato político para el oficialismo. Pero si al mismo tiempo cierran empleadores y se pierden cientos de miles de puestos de trabajo, la pregunta deja de ser solamente macroeconómica y pasa a ser mucho más concreta: quién paga el costo del ajuste.
Y, una vez más, la respuesta parece repetirse: lo pagan los trabajadores, las pymes, los comercios y las economías locales.
.png)
.png)
.png)
.png)
.png)
.gif)