La Fiesta de la Diversidad puede medirse en público, ocupación, espectáculos o ventas. Pero esta edición dejó otra imagen quizás más importante: la de una ciudad que volvió a organizarse colectivamente para sostener una de sus tradiciones más importantes.
El desfile de carrozas y colectividades fue uno de los ejemplos más claros. Alrededor de 1.800 personas participaron de una propuesta que reunió a 35 instituciones locales, seis carrozas y seis delegaciones. Escuelas, clubes, agrupaciones y entidades trabajaron durante semanas para preparar vestuarios, coreografías, carrozas y representaciones que finalmente recorrieron la Avenida 3.
Y hubo un detalle que le dio todavía más valor: el desfile debió cambiar de día por las condiciones climáticas. Aun así, el trabajo previo no se perdió. Las instituciones reorganizaron horarios, volvieron a convocar a sus integrantes y el domingo salieron a la calle.
Algo parecido ocurrió con la tradicional Paella de la Amistad. Su realización estuvo en duda, pero trabajadores y referentes gastronómicos locales tomaron la responsabilidad de mantenerla viva. El chef Gavino Ovejero y el equipo de La Taberna de Don Ramón estuvieron al frente de una jornada que volvió a reunir a vecinos y turistas alrededor de una de las postales históricas de la Diversidad.
No fue solamente gastronomía. Hubo trabajadores, proveedores, artistas, organización, montaje y muchas horas previas para que las grandes paelleras volvieran a encenderse.
La misma imagen comunitaria se repitió por la noche. Axel se presentó como número central ante una Plaza Primera Junta colmada, con público que acompañó el recital durante toda la presentación. Uno de los momentos especiales fue la participación del músico geselino José Núñez, que compartió una canción con el artista.
Miles de personas reunidas frente al escenario terminaron de completar una jornada en la que la calle volvió a convertirse en punto de encuentro.
También estuvieron quienes durante tres días levantaron persianas, cocinaron, armaron puestos, produjeron, vendieron y apostaron económicamente a la fiesta. Artesanos, gastronómicos, productores, food trucks, instituciones y pequeños emprendimientos formaron parte de una propuesta que tuvo actividad en distintos puntos de la ciudad.
Para muchos no fue solamente una fiesta. Fue trabajo y una oportunidad de generar ingresos en un contexto económico difícil.
Una fiesta de esta magnitud no aparece de un día para el otro. Detrás del desfile hubo meses de preparación; detrás de la Paella hubo trabajadores que decidieron sostenerla; detrás de los escenarios hubo artistas y técnicos; detrás de los puestos hubo emprendedores que arriesgaron inversión y trabajo.
Por eso quizás la imagen más importante que deja esta Diversidad no sea una carroza, una paellera o un escenario lleno.
Es la suma de todas ellas.
La Diversidad volvió a mostrar que Villa Gesell puede hacer cosas enormes cuando la comunidad empuja para el mismo lado.
.png)
.png)
.png)
1.png)
1.png)
.gif)