Villa Gesell empieza a quedar atrapada entre dos decisiones políticas que terminan presionando sobre el mismo lugar: el Hospital Municipal. Por un lado, el ajuste nacional sobre PAMI deteriora prestaciones, reduce personal y provoca conflictos con médicos y prestadores. Por el otro, la oposición local rechazó el Presupuesto 2026 y obligó al Municipio a continuar funcionando con la estructura presupuestaria de 2025, en un contexto de mayores costos y de una demanda sanitaria que no deja de crecer.
El problema es que los recortes nacionales no hacen desaparecer a los pacientes. Cuando PAMI deja de dar una respuesta, esa necesidad termina buscando otro lugar donde ser atendida. En Villa Gesell, cada vez con mayor frecuencia, ese lugar es el sistema público municipal.
La situación del PAMI alcanzó esta semana un nuevo nivel de conflictividad. Más de cien clínicas, sanatorios y hospitales privados suspendieron prestaciones programadas durante 48 horas en reclamo de actualización de aranceles y pago de deudas. En paralelo, ATE denunció una reducción de personal en distintas agencias y advirtió que algunas oficinas podrían quedar prácticamente vacías.
El panorama resulta especialmente preocupante en Mar del Plata. Según la denuncia gremial, el Hospital Bernardo Houssay mantiene 25 camas de internación cerradas por falta de personal, no realiza cirugías cardiovasculares ni otras intervenciones de alta complejidad por falta de insumos y redujo al mínimo las endoscopías debido a problemas de equipamiento y falta de fondos para reparaciones. ATE declaró una situación de “alerta sanitaria en la tercera edad en Mar del Plata y la región”.
A eso se suma que el Sanatorio Belgrano de Mar del Plata dejó de prestar servicios a unos 8.000 afiliados de PAMI. Para Villa Gesell, el dato no es lejano: el deterioro de los centros de mayor complejidad de la región reduce también la capacidad de derivación y de respuesta cuando el sistema local necesita recurrir a prestaciones que no puede resolver dentro de la ciudad.
La crisis nacional tiene una expresión directa en Villa Gesell. De acuerdo con los datos relevados localmente, alrededor de 1.200 afiliados continúan sin médico de cabecera después de las renuncias producidas tras los cambios en el esquema de pagos de PAMI. El caso de la médica Marta Zuloaga permitió dimensionar el impacto: tenía 396 pacientes asignados y explicó que el organismo dejó de pagar las consultas para mantener solamente una cápita cercana a los $2.100 mensuales por afiliado.
Pero la desatención no termina en los consultorios. El servicio de ambulancias de PAMI presenta dificultades y parte de los traslados y emergencias de sus afiliados está siendo cubierta con ambulancias municipales, utilizando vehículos, combustible, personal e insumos financiados por Villa Gesell. Algo similar ocurre con los medicamentos: jubilados que no pueden afrontar determinados tratamientos terminan recurriendo a la farmacia del Hospital Municipal en busca de una respuesta.
Cada uno de esos casos tiene una consecuencia económica concreta. La prestación que PAMI deja de garantizar no desaparece: se traslada hacia el sistema público local.
La contradicción se vuelve todavía más evidente cuando se observa lo ocurrido con las cápitas. El Municipio denunció que PAMI retiró alrededor de 1.000 afiliados que estaban capitados en el Hospital Municipal y redireccionó esas prestaciones hacia clínicas privadas ubicadas fuera de Villa Gesell. De acuerdo con la información difundida oficialmente, la medida representa una pérdida cercana a $12 millones mensuales para el sistema sanitario local.
El problema es que el cambio administrativo de prestador no modificó necesariamente la realidad territorial. Los jubilados siguen viviendo en Villa Gesell y, cuando necesitan una guardia o una respuesta inmediata, muchos continúan recurriendo al Hospital. En los hechos, esos pacientes siguen generando demanda sobre el sistema municipal aunque los recursos vinculados a sus cápitas hayan sido derivados a otros prestadores.
Es decir, PAMI trasladó parte del financiamiento, pero la demanda sanitaria permaneció en la ciudad. Y mientras eso ocurre, el sistema municipal debe afrontar ambulancias, medicamentos, atención médica e insumos con recursos propios.
El segundo frente aparece dentro de Villa Gesell. El Ejecutivo había presentado para 2026 un presupuesto de $61.609 millones, que contemplaba partidas prioritarias para Salud y Seguridad y recursos destinados a la continuidad, modernización y equipamiento del Hospital Municipal.
Ese presupuesto no fue aprobado. La consecuencia es que durante 2026 el Municipio continúa administrándose con la estructura presupuestaria de 2025, algo que la propia comuna incluyó entre las razones para prorrogar la emergencia pública y que desde el área de Salud fue señalado como una dificultad adicional para administrar los recursos sanitarios.
La oposición cuestionó el proyecto y el esquema de actualización de tasas. Ese debate forma parte de las atribuciones del Concejo Deliberante. Pero después de rechazar la herramienta financiera propuesta por el Ejecutivo queda una pregunta inevitable: ¿cuál era la alternativa para sostener un sistema de Salud que debía enfrentar costos crecientes y, simultáneamente, absorber prestaciones abandonadas o debilitadas por Nación?
Porque rechazar un presupuesto no reduce el precio de los medicamentos, no baja el costo del combustible de una ambulancia, no disminuye los salarios ni evita que una persona llegue a una guardia. Y mucho menos hace desaparecer a los jubilados que PAMI deja sin una respuesta adecuada.
La imagen final es difícil de ignorar. El Gobierno de Javier Milei ajusta sobre PAMI y la obra social pierde médicos, personal y prestadores. El Houssay de Mar del Plata tiene camas cerradas y prestaciones de alta complejidad afectadas. En Villa Gesell, alrededor de 1.200 afiliados continúan sin médico de cabecera, las ambulancias municipales cubren falencias del sistema nacional y jubilados recurren a medicamentos del Hospital.
Al mismo tiempo, PAMI retiró cerca de 1.000 cápitas del Hospital Municipal, con una pérdida estimada en $12 millones mensuales, mientras la oposición geselina rechazó el Presupuesto 2026 que contemplaba mayores recursos para Salud. La Nación reduce capacidad de respuesta desde arriba y, en el plano local, el Municipio enfrenta esa presión sin la herramienta presupuestaria que había diseñado para este año.
La discusión política puede girar alrededor de tasas, déficit, gasto público o administración. Pero en Salud existe una realidad que no espera a que esas discusiones se resuelvan: cuando una persona necesita atención, alguien tiene que atenderla.
En Villa Gesell, cuando PAMI no responde, esa responsabilidad termina cada vez más en el Hospital Municipal. Y hoy ese Hospital debe afrontar una demanda creciente mientras recibe presión desde los dos extremos.
El ajuste nacional termina en la guardia de Gesell. Y el bloqueo presupuestario local hace que esa misma guardia tenga menos margen para absorber sus consecuencias.
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