Hay dos señales económicas que Villa Gesell debería mirar con mucha atención. Una está dentro de los hogares. La otra, detrás de los mostradores.
Autoridades del Banco Provincia en Villa Gesell aportaron un dato que permite comenzar a dimensionar el problema: dentro de la situación de morosidad señalada por la entidad, alrededor del 70% corresponde a tarjetas y préstamos y el 30% restante al sector comercial.
No estamos hablando solamente de números bancarios.
Detrás de cada resumen que se refinancia, de cada cuota que comienza a atrasarse y de cada comerciante que tiene dificultades para cumplir con sus obligaciones existe una economía familiar o productiva que dejó de cerrar.
Y cuando esos números se cruzan con otros indicadores de Villa Gesell, aparece una fotografía difícil de explicar solamente por malas decisiones individuales.
El relevamiento realizado por el Observatorio Político y Social La María Eva durante la ChocoGesell ya había detectado una señal muy fuerte: el 87,5% de las personas consultadas manifestó que no llega con tranquilidad a fin de mes.
Pero probablemente el dato más importante sea otro.
El 67,9% reconoció haber tenido que endeudarse, utilizar la tarjeta, comprar fiado o recurrir a algún mecanismo de financiamiento para afrontar gastos cotidianos.
Prácticamente siete de cada diez.
Y la palabra fundamental es cotidianos.
Porque cuando una familia utiliza una tarjeta para comprar alimentos, cargar combustible, pagar medicamentos o cubrir servicios, el crédito dejó de financiar un consumo extraordinario.
Está reemplazando al salario.
La explicación que comienza a construir el oficialismo nacional es bastante diferente.
Este miércoles, mientras el Congreso discutía el crecimiento del endeudamiento de las familias, el diputado nacional de La Libertad Avanza Alberto “Bertie” Benegas Lynch utilizó un ejemplo para explicar parte del fenómeno.
“Ahí entra el tipo que compró una TV para el Mundial y, como Argentina no salió campeón, ahora no quiere pagar la deuda”.
La frase podría quedar simplemente como otra provocación política si no expresara una concepción mucho más profunda sobre lo que está ocurriendo.
Según esa mirada, detrás de una parte importante de la morosidad existirían decisiones individuales equivocadas: electrodomésticos, motos, apuestas o consumos que después las personas no quieren afrontar.
Seguramente existen esos casos.
El problema aparece cuando se pretende utilizar esas excepciones para explicar un fenómeno que alcanza a millones de argentinos.
Porque en Villa Gesell los datos muestran otra cosa.
No encontramos siete de cada diez personas endeudándose para comprar televisores.
Encontramos 67,9% recurriendo al crédito, la tarjeta o el fiado para afrontar gastos cotidianos.
Esa diferencia no es menor.
Es la diferencia entre responsabilizar exclusivamente al individuo y preguntarse qué está ocurriendo con los ingresos de las familias.
Lo que estamos viendo en nuestra ciudad forma parte de un fenómeno nacional.
La mora de los créditos a personas se multiplicó fuertemente durante los últimos 18 meses y el pago de las deudas con entidades financieras ya representa alrededor del 24% de la masa salarial.
El deterioro también aparece en las distintas líneas de financiamiento.
Los préstamos personales y las tarjetas de crédito concentran buena parte de las dificultades de pago de las familias argentinas.
Por eso resulta difícil separar completamente el crecimiento de la morosidad del contexto económico.
Durante el gobierno de Javier Milei, millones de hogares atravesaron simultáneamente aumentos de tarifas y servicios, pérdida de capacidad adquisitiva y un creciente recurso al financiamiento para sostener niveles básicos de consumo.
El crédito permitió durante un tiempo disimular esa diferencia.
Pero la deuda tiene una característica inevitable: en algún momento hay que pagarla.
Y cuando el ingreso del mes siguiente tampoco alcanza, comienza el refinanciamiento.
Después llega la mora.
En Villa Gesell ya contamos con otro indicador que permite dimensionar el problema.
Un informe elaborado a partir de información del Banco Provincia y del Banco Central registraba en mayo de 2026 unas 34.886 personas con algún tipo de deuda en el distrito, con una morosidad cercana al 22%.
Los jóvenes aparecían particularmente afectados: entre los geselinos de 18 a 24 años, la irregularidad alcanzaba el 43,1%, mientras entre quienes tenían entre 25 y 34 años llegaba al 32,1%.
Es decir, el problema aparece precisamente entre quienes deberían estar comenzando a construir su independencia económica.
Otra vez resulta difícil pensar que todos compraron un televisor.
Pero el dato aportado por el Banco Provincia contiene una segunda advertencia.
El 30% correspondiente al sector comercial merece una lectura especial en Villa Gesell.
Porque nuestra economía depende fuertemente del comercio, la gastronomía, la hotelería y los servicios vinculados al turismo.
Y existe una cadena bastante sencilla.
Cuando una familia está endeudada, reduce gastos.
Cuando reduce gastos, compra menos.
Cuando compra menos, el comerciante factura menos.
Pero mientras las ventas bajan, el comerciante continúa pagando alquiler, electricidad, gas, impuestos, proveedores y salarios.
Entonces comienza a financiarse.
Primero se endeuda el consumidor.
Después empieza a endeudarse quien depende de ese consumidor.
Y finalmente aparecen las consecuencias sobre el empleo.
Villa Gesell tiene además una dificultad adicional.
No depende solamente del bolsillo de los geselinos.
Depende del bolsillo de millones de argentinos que durante el verano deben decidir si pueden tomarse vacaciones.
Los últimos indicadores turísticos nacionales ya muestran un cambio de comportamiento: viajes más cortos, estadías reducidas y turistas mucho más cuidadosos con sus gastos.
Una familia que llega a diciembre pagando cuotas de la tarjeta acumuladas durante todo el año difícilmente tenga la misma capacidad para reservar quince días de vacaciones.
Por eso la discusión sobre el endeudamiento también es una discusión sobre la próxima temporada.
El Gobierno puede discutir si corresponde o no implementar un rescate estatal para quienes acumularon deudas.
Es una discusión legítima.
Lo que resulta mucho más difícil es reducir el fenómeno a argentinos irresponsables que compraron televisores y después decidieron no pagarlos.
Porque los números empiezan a contar otra historia.
En Villa Gesell tenemos vecinos que dicen que el dinero no alcanza.
Tenemos familias utilizando crédito para gastos cotidianos.
Tenemos crecimiento de la morosidad.
Tenemos dificultades en tarjetas y préstamos.
Y ahora también tenemos comercios comenzando a aparecer dentro del mismo problema.
Son estadísticas diferentes.
Pero todas parecen señalar hacia el mismo lugar.
Durante un tiempo, la tarjeta permitió completar aquello que el ingreso ya no podía cubrir.
Después llegó el préstamo para pagar la tarjeta.
Después la refinanciación.
Y finalmente aparece la mora.
Por eso quizás la pregunta económica más importante no sea por qué una familia dejó de pagar una cuota.
La pregunta debería ser por qué necesitó endeudarse para llegar hasta fin de mes.
Porque mientras algunos dirigentes nacionales buscan televisores para explicar la morosidad, en Villa Gesell los números muestran algo bastante menos anecdótico:
el problema no parece estar en lo que compraron las familias. El problema empieza en lo que dejaron de poder pagar con su salario.
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