No estudian, no trabajan y tampoco buscan empleo. Son los denominados “triple ni”, una expresión que pretende describir a miles de jóvenes argentinos, pero que muchas veces termina ocultando las verdaderas causas del problema.
Detrás de esa etiqueta no aparece una generación sin voluntad. Aparece una economía que no genera suficientes puestos de trabajo, un mercado laboral dominado por la precariedad y una política nacional de ajuste que destruye expectativas.
El informe “Jóvenes vulnerables en la Argentina: condiciones de vida, creencias y expectativas sobre el futuro”, elaborado por investigadores del Ciclo Básico Común de la Universidad de Buenos Aires, estima que el 48,9% de los jóvenes de entre 18 y 29 años vive en condiciones de vulnerabilidad social.
La investigación se basó en una encuesta presencial realizada a 1.002 jóvenes de los principales centros urbanos del país entre diciembre de 2025 y enero de 2026. Informe de la UBA
NO ES DESINTERÉS: ES DESALIENTO
Dos de cada diez jóvenes vulnerables no estudian ni trabajan. Dentro de ese grupo, uno de cada tres tampoco busca empleo.
Este último dato es el más preocupante. No habla solamente de jóvenes sin una ocupación, sino de personas que dejaron de creer que buscarla puede cambiar su situación.
Entre quienes declararon no tener trabajo, solamente cuatro de cada diez habían realizado una búsqueda reciente.
El desaliento aparece después de enviar currículums sin obtener respuestas, de encontrar únicamente empleos temporarios o mal pagos y de comprobar que trabajar tampoco garantiza salir de la vulnerabilidad.
Entre los jóvenes vulnerables ocupados, apenas el 18,9% tiene un empleo registrado o parcialmente registrado. El 75,9% trabaja sin registración, por cuenta propia o mediante changas.
EL AJUSTE TAMBIÉN TIENE ROSTRO JOVEN
Los datos del INDEC muestran que la crisis juvenil forma parte de un mercado laboral cada vez más precario.
Durante el primer trimestre de 2026, la informalidad llegó al 44,2% y aumentó 2,2 puntos porcentuales frente al mismo período de 2025.
La desocupación general fue del 7,8%, pero alcanzó el 15,5% entre las mujeres de 14 a 29 años y el 14,6% entre los varones de la misma edad. La falta de trabajo entre los jóvenes prácticamente duplica el promedio nacional. Mercado de trabajo del INDEC
Estos números chocan contra el relato del Gobierno de Javier Milei. La desaceleración de algunos indicadores no significa una mejora en la vida cotidiana si el empleo que se crea es informal, los ingresos no alcanzan y miles de jóvenes dejan de buscar trabajo porque no encuentran una oportunidad real.
El ajuste puede ordenar determinadas cuentas, pero también tiene consecuencias: menos consumo, comercios con dificultades, pérdida de puestos laborales y familias que ya no pueden financiar los estudios de sus hijos.
En junio, la inflación interanual fue del 33,5%, pero los servicios aumentaron un 42,4%. Vivienda, agua, electricidad y gas registraron un incremento del 47,8%. Índice de precios del INDEC
Dentro de este escenario, el 57% de los jóvenes relevados por la UBA indicó que los ingresos de su hogar no alcanzan para llegar a fin de mes. Además, el 78% de los jóvenes vulnerables que trabaja carece de obra social o prepaga.
LA SALUD MENTAL COMO CONSECUENCIA
La crisis no termina en el bolsillo.
Más del 70% de los jóvenes consultados manifestó experimentar ansiedad o nervios frecuentes. La mitad reconoció sentir desánimo o síntomas compatibles con la depresión.
Cuando una persona no consigue trabajo, no puede estudiar y tampoco encuentra una expectativa de progreso, el problema deja de ser exclusivamente económico. La falta de horizonte comienza a afectar la salud mental y la capacidad de construir un proyecto de vida.
Sin embargo, el 85,7% todavía cree que estudiar puede mejorar su calidad de vida.
Ese dato destruye el argumento de que los jóvenes no quieren esforzarse. Quieren estudiar y progresar, pero necesitan condiciones económicas, instituciones y políticas públicas que se lo permitan.
VILLA GESELL: EMPLEO ESTACIONAL Y FUTURO INCIERTO
El informe no presenta cifras específicas sobre Villa Gesell. Por eso, no corresponde trasladar automáticamente los porcentajes nacionales a nuestra ciudad.
Pero el fenómeno debe interpelarnos.
Villa Gesell posee un mercado laboral profundamente vinculado con el turismo, el comercio, la gastronomía y los servicios. Muchos jóvenes consiguen empleo durante el verano, pero vuelven a depender de changas o quedan desocupados durante el invierno.
A esto se suma que determinadas carreras o formaciones obligan a viajar o mudarse. Para una familia cuyos ingresos apenas alcanzan para comer, pagar un alquiler, transporte y materiales educativos puede resultar imposible.
Por eso, Villa Gesell necesita ampliar las oportunidades de capacitación, fortalecer el turismo durante todo el año, acompañar al comercio y generar condiciones para que los jóvenes puedan desarrollar su proyecto de vida sin abandonar la ciudad.
LA CONTRADICCIÓN DE LA OPOSICIÓN
Esta discusión también alcanza a la política local.
Los sectores de la oposición que preguntan por qué faltan oportunidades para los jóvenes deberían explicar por qué rechazaron el Presupuesto Municipal 2026, una de las principales herramientas para planificar políticas públicas, sostener servicios e impulsar el desarrollo local.
Un presupuesto puede discutirse, controlarse y modificarse. Pero rechazarlo y después responsabilizar al Municipio por cada necesidad sin resolver es una contradicción política.
No se puede reclamar más capacitación, seguridad, infraestructura, promoción turística y acompañamiento al comercio mientras se bloquea el instrumento necesario para organizar los recursos destinados a esas políticas.
Tampoco se puede acompañar el ajuste del Gobierno nacional y luego mostrarse sorprendido por sus consecuencias en Villa Gesell.
La oposición tiene derecho a controlar al Ejecutivo. Pero controlar no significa impedir que la ciudad cuente con herramientas para crecer y después utilizar la falta de respuestas como argumento electoral.
EL FUTURO NO SE CONSTRUYE CON AJUSTE
Los “triple ni” no surgieron porque una generación haya decidido abandonar el esfuerzo. Son el resultado de una sociedad que está dejando a miles de jóvenes afuera del trabajo, la educación y las expectativas de progreso.
El Gobierno nacional presenta el ajuste como un éxito, pero detrás de las cifras fiscales crecen la informalidad, la desigualdad y el desaliento.
En Villa Gesell, la respuesta no puede ser copiar esa lógica ni bloquear las herramientas locales. Se necesita planificación, inversión pública, educación accesible, formación profesional, empleo durante todo el año y acompañamiento en salud mental.
Los jóvenes todavía creen en la educación. Lo que está en discusión es si la política será capaz de ofrecerles un futuro o continuará explicándoles por qué deben acostumbrarse a vivir sin él.
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