La Fiesta Nacional de la Diversidad Cultural volverá a llenar las calles de Villa Gesell durante el fin de semana del 10, 11 y 12 de octubre. Habrá espectáculos, gastronomía, artesanías, desfile y miles de personas recorriendo la ciudad. Pero detrás de la postal turística existe otra historia: para muchos geselinos, la Diversidad también significa trabajo.
En un contexto nacional atravesado por la caída del consumo, la pérdida de poder adquisitivo y las dificultades que enfrentan pequeños comerciantes y trabajadores independientes, una fiesta de estas características representa mucho más que tres días de entretenimiento.
Es una oportunidad para producir, vender y generar ingresos.
La Municipalidad abrió la convocatoria para productores gastronómicos, cerveceros, foodtrucks, artesanos y emprendedores interesados en participar de la 45.ª edición.
Durante tres jornadas, esos productores tendrán la posibilidad de ofrecer directamente su trabajo a vecinos y a los turistas que lleguen a Villa Gesell para uno de los acontecimientos más importantes del calendario local.
Y ahí aparece uno de los aspectos menos visibles de estas fiestas populares: detrás de cada puesto hay producción, compra de insumos, horas de trabajo y, muchas veces, una economía familiar que depende de esas ventas.
La Municipalidad brinda de manera gratuita los espacios destinados a los emprendedores locales, permitiendo que entre 200 y 250 trabajadores y productores geselinos puedan participar de la fiesta sin tener que afrontar el costo de un puesto.
En un contexto de caída del consumo y dificultades para quienes viven de la producción y la venta directa, no pagar por el espacio adquiere una importancia concreta: permite que lo generado durante esos tres días quede directamente en manos de quienes trabajan.
Este año, además, la Diversidad recuperará uno de sus símbolos históricos: la Paella de la Amistad.
Su realización estuvo en duda. Ante la imposibilidad de sostener el esquema con el que tradicionalmente se organizaba, desde el Municipio se buscaron alternativas y se consultó a diferentes instituciones de la ciudad.
Finalmente apareció una respuesta desde otro lugar.
Trabajadores gastronómicos vinculados a La Taberna de Don Ramón tomaron la iniciativa y decidieron involucrarse para que la tradicional paella siguiera formando parte de la fiesta.
Serán manos geselinas las que vuelvan a encender el fuego, preparar los ingredientes y recuperar una tradición que desde hace décadas forma parte de la identidad de la Diversidad Cultural.
La Paella de la Amistad se realizará el domingo 11 de octubre en el predio del ex Shopping Alas.
No será solamente un atractivo gastronómico. También será una demostración de algo profundamente ligado a la historia de Villa Gesell: cuando parecía más sencillo suspender, trabajadores de la ciudad decidieron buscar la manera de hacerlo.
La importancia económica de la Diversidad tampoco termina en los puestos.
Un visitante que llega a Gesell necesita alojamiento, consume gastronomía, compra en comercios, carga combustible y recorre la ciudad. Por eso los grandes eventos funcionan también como herramientas para generar movimiento fuera de la temporada alta.
La propia Provincia ha destacado en antecedentes de la fiesta su capacidad para dinamizar la economía local mediante la participación de productores, gastronomía, cultura, entretenimiento y artesanías.
Y este año ese movimiento tendrá una importancia particular.
Con el consumo nacional mostrando señales de retroceso y muchas familias cuidando cada vez más sus gastos, conseguir que miles de personas circulen por Villa Gesell durante un fin de semana representa una oportunidad concreta para comerciantes, trabajadores y pequeños productores.
Por eso la Diversidad puede medirse por la cantidad de turistas que llegan o por la ocupación hotelera.
Pero existe otra manera de medirla.
Preguntar cuánto vendió el emprendedor que durante todo el año produce desde su casa. Cuántas mesas ocupó un restaurante. Cuánto trabajó un gastronómico. Cuántas noches pudo vender un alojamiento.
Porque detrás del escenario, las carrozas y la celebración existe otra parte de la fiesta que pocas veces aparece en las fotografías:
la de los geselinos que aprovechan esos tres días para trabajar.
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