Nacionales: El restaurante que es un clásico de San Martín de los Andes: se incendió y reabrió en la casa de la dueña
05/10/2026
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Betty Casanova se hizo famosa por la fondue y recibe comensales desde la década del ‘80
Betty Casanova es oriunda de General Roca, Río Negro, donde su familia tenía viñedos. Docente de piano, a San Martín de los Andes llegó en 1974, ya casada con Guillermo Fortina, cordobés que tenía un pequeño restaurante en la ciudad. Se llamaba Cheval, vivían arriba del salón y servían comidas que giraban alrededor de la trucha y los hongos de pino. “Los primeros años no fueron fáciles. San Martín de los Andes era una aldea y yo no le caía bien a todo el mundo porque no era de acá. Saludaban a mi marido, pero a mí no”, rememora la gastronómica, que con los años se convirtió en todo un personaje de la localidad. Juntos mudaron el restaurante a un hotel, donde llegaron a atender cien personas. Cansados de semejante ritmo, y con dos hijas de 9 y 10 años, en 1986 volvieron al formato personalizado y abrieron La Fondue de Betty, sobre la avenida San Martín, que pronto se convirtió en un clásico. “Siempre fui muy sociable y, además de cocinar, me acercaba a las mesas y charlaba con la gente que venía a San Martín de los Andes a esquiar o a recorrer en verano. Así hice muchos amigos”, recuerda. El éxito fue tal que enseguida se mudaron a la calle General Villegas, donde permanecieron más de veinte años, y después a Obeid, donde el restaurante funcionó siete años más. Ese local, que era patrimonio arquitectónico de la ciudad, se incendió por un cortocircuito a fines de 2024 y quedó destruido. “Yo estaba en mi casa por almorzar cuando empezó el incendio. No estaba en el restaurante. Me avisaron los vecinos. Y los bomberos llegaron antes que yo. Perdimos obras de arte… Teníamos vajilla italiana y española. Durante mucho tiempo no quise volver a pasar por ahí”, recuerda con algo de dolor. Resiliente, Betty abrió Ave Fénix en 2025, en su propia casa. “Quería salir adelante. Vendí libros, corrí la biblioteca y armamos espacio”, detalla. Y agrega: “No somos chicos y pesa, pero nos gusta cocinar, charlar con la gente y que se sientan como en casa. Es un servicio personalizado”.Siempre secundada por Guillermo, sigue apostando a la fondue. La empezó a hacer porque su marido desciende de suizos, pero además porque se autodefine “queso-adicta”. La ofrece en la versión clásica y también la de carne –con doce salsas diferentes– y la de chocolate con frutas. Ella la prepara con gruyere, fontina y gouda y la lleva a la mesa sobre un calentador, con pan, pero también con salchichas y verduras. “La fondue es a base de vino blanco seco, los tres quesos en tercios y maduros, a temperatura ambiente porque si no, no se funden. Pongo a hervir el vino con pimienta negra y nuez moscada, hasta que se evapore el alcohol después de diez minutos. Entonces, bajo el fuego al mínimo, agrego los quesos y revuelvo con cuchara de madera dibujando ochos hasta que se forme el hilo”, detalla dando muestras de su generosidad. Feliz con el disfrute de sus comensales, asegura que la fondue es una comida social porque no se enfría y propicia la distensión. Interesante para la charla, Betty tiene don de gentes y su restó crece impulsado por el boca a boca. Asegura tener cuatro generaciones de comensales en su haber: aquellos que en los 80 venían gateando y hoy vuelven con sus hijos.Datos útilesAve Fénix. Todos los días, siempre con reserva (en ese momento informan la dirección exacta). T: (2972) 42-2522. IG: @bettyc.fondue
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