En 2007, Osvaldo Tavarone era un docente que se lo veía llegar a trabajar en un viejo Mehari azul o un Renault Clio. Hoy, casi dos décadas después, el patrimonio que se le atribuye incluye departamentos de lujo, un complejo turístico en Mar de las Pampas valuado en más de un millón de dólares, un Salón de Usos Múltiples, residencias y terrenos. A esto se suman camionetas 4x4 último modelo y frecuentes viajes internacionales.
La trama también alcanza a su familia. Su hijo, Gerardo Tavarone, y su esposa, la pediatra Estella Acuña, aparecen mencionados como beneficiarios directos de propiedades y vehículos, lo que refuerza la hipótesis de un enriquecimiento familiar paralelo a la influencia política que Tavarone mantenía como hombre fuerte de la gestión de Erneta.
La causa por enriquecimiento ilícito había sido presentada en 2015 y luego derivada al fuero federal, donde quedó paralizada. Ahora, un grupo de abogados que investiga los vínculos entre ex funcionarios y contrataciones municipales decidió reflotar el expediente con pruebas que incluyen escrituras y registros de bienes.
La historia de Tavarone vuelve a exponer un problema recurrente: funcionarios que ingresan a la política con patrimonios modestos y, años después, exhiben fortunas que no pueden justificar con un sueldo público.
Fuente: El Diario del Mar
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